No fue nada excepcional. Fue un día, sin fecha, sin lugar, una simple conversación... Nos pusimos ha hablar del futuro, de la vida, de los sueños.... y de repende sono aquella frase: "bueno yo creo que deberíamos pensar en hablar algún día en serio de la boda" ¡y fue magia! de repente todas esas ideas que yo había callado por miedo a que a él le pareciera pronto, ¡se podían convertir en realidad!
Pero del mismo modo que me ilusioné, me entró el pánico: "¿Casarnos? ¿irnos a vivir juntos? ¿cambiar de vida?, pero si yo quiero esto ¿porque dudo...?"
No hizo falta mucho más que su cariño y su paciencia, y poco a poco los miedos se fueron y quedaron esas ilusiones de un día sin fecha y sin nombre. Y aquí estamos a 3 meses y medio de nuestra boda superando todas las dificultades, con ganas, con impaciencia, con nervios...¡quiero casarme ya por favor!