Nosotros contratamos a Defín porque teníamos buenas referencias y estuvimos en una boda en 2011 que salió genial.
Delfín entiende de su negocio y se maneja bastante bien en los encuentros pero cuando empezamos a tratar con su oficina empezaron los problemas.
Quedábamos en algo con las chicas que trabajaban allí y al reenviarte el mail no se reflejaban los cambios hechos. Había que estar siempre repasándolos e insistiendo en que lo anotasen bien.
La comunicación entre la oficina y delfín no funciona, por ninguno de los dos lados. Si quedábamos con Delfín y hacíamos algún cambio, en la oficina no se enteraban y delfín llegaba a los encuentros con las anotaciones antiguas, sin que en la oficina le hubiesen informado de cómo iba todo.
El precio del menú no lo tuvimos hasta unos diez días antes de la boda y el menú infantil nos dieron el precio dos días antes. La excusa por tardar en dejarlo todo cerrado era que como Delfín suele regalar cosas a los novios, no puueden darte información concreta hasta que no lo consultan con él.
El día de antes de la boda nos dicen desde la oficina que hagamos una transferencia por el importe total cuando pase la boda y nosotros habíamos estado sacando dinero durante una semana porque Delfín nos lo pidió en efectivo. Así que el día de antes y con todo el dinero encima.
En la cena no repartieron las minutas. Dijo Delfín que se les debieron quedar dentro.
El día de la boda todo salió bien. De eso no teníamos ninguna duda. Delfín trabaja bien, los camareros son muy atentos, la comida es de calidad y hay cantidad suficiente, la bebida no es de garrafón, cuida la presentación de los platos y la decoración. Es justo decirlo.
Lo que pasó fue que hasta el día de la boda es una incertidumbre y estrés permanente porque no se comunican NADA entre ellos.