Fue uno de los regalos de mi cumpleaños. Habitació oscura, con estrellitas florescentes y un par de linternas que alumbraban un regalito que colgaba del techo: la estrella más brillante.
Cogí el regalo y ya sabía lo que era porque hacía tiempo que lo hablábamos. Me puse el anillo y sin más preguntas ni explicaciones, le di un beso que respondía a todo.