Nuestra pedida fue un poco fuera de lo común. Cómo estábamos requeteseguros de nuestra decisión, nos limitábamos a bromear sobre la pedida y sobre que yo quería MI anillo.
Cómo mi pareja no parecía querer hincar la rodilla (por chincharme, única y exclusivamente), moví Roma con Santiago para encontrar un reloj que sabía que le encantaba y ni corta ni perezosa, hinqué yo la mia y se lo pedí antes (para poder chincharlo con que yo seguía sin tener MI anillo).
Se hizo de rogar, pero la noche de Reyes, entre los muchos regalos que intercambiamos, apareció por fin el anillo 😍😍.
