Llevo tiempo montando a mano las velas que muchas parejas regalan a sus invitados, y hay tres cosas que veo fallar una y otra vez cuando alguien se anima a hacerlas por su cuenta. Os las cuento por si os ahorran un disgusto.
La cera. Es el fallo número uno en bodas de mayo a septiembre. Una cera de punto de fusión bajo se ablanda si las velas pasan la tarde en una mesa al sol, y el detalle acaba deformado antes de que nadie se lo lleve. Buscad cera de soja de alto punto de fusión y no las dejéis nunca en el coche el día antes.
La mecha. Si se queda fina para el diámetro del recipiente, la vela hace un túnel y solo se consume el centro. Cuanto más ancho el vaso, más gruesa la mecha — y encended una de prueba entera antes de montar las ochenta.
El aroma y el tiempo. El aroma se echa con la cera ya templada, no hirviendo, o se evapora. Y sobre todo: hacedlas con dos semanas de margen. La cera de soja necesita curar para oler de verdad; recién hechas huelen a la mitad y da la sensación de que el aroma no era bueno.
Un apunte de boda más que de manualidad: si son para los invitados, ponedlas en el sitio de cada uno con su nombre. Las que se amontonan en una mesa a la entrada se quedan la mitad sin recoger.
Si al final se os hace bola, que pasa y son muchas horas, yo las hago por encargo. Pero de verdad que animo a quien tenga ganas a probarlo, es de las cosas más agradecidas que hay.
Ruth · Nuvola Momentos
