La historia de cómo nos conocimos es, sin duda, poco habitual. Hace 4 años ambos estábamos viviendo en EE.UU. Trabajábamos como aupairs, vivíamos con familias americanas. Yo vivía en Seattle, Washington, y él en Salt Lake City, Utah. Y ¿cómo puede ser que nos conociéramos en un país tan grande, a 830Km de distancia?
Él se fue a Las Vegas a pasar un fin de semana y allí, por casualidad, conoció a dos amigas mías de Seattle. Cuando mis amigas volvieron a Seattle me contaron que conocieron a un chico vasco en Las Vegas. Qué pequeño es el mundo. Pues yo tenía que hablar con él. Ya llevaba más de un año viviendo en el extranjero y me hacía muchísima ilusión hablar con alguien de mi tierra. ¡Qué ilusión! Así que empezamos a hablar por Facebook. Los dos nos enganchamos a nuestras conversaciones enseguida. Hablábamos a todas horas, por Facebook o WhatsApp. Hasta que un día le dio por llamarme así de repente por videollamada, sin avisar. Yo con los pelos revueltos y en pijama. Qué vergüenza. Me arreglé el pelo rápidamente con la mano y contesté. Lo cierto es que me sentí muy cómoda. Desde el principio me pareció un chico muy sencillo y natural, y me sentía cómoda para mostrarme tal y como era yo, sin tener que aparentar una mejor versión de mi misma.
Desde ese día, hablábamos todos los días por videollamada, pasaban las horas volaban. Los dos éramos y somos muy viajeros y hasta encontramos destinos a los que ambos queríamos ir. Pensé que esa podía ser una forma de conocerlo en persona. Pero después de un mes hablando todos los días, horas y horas, un día de diciembre del 2016 me contó que en navidades iba a estar solo. Su familia americana le dejó plantado para navidad sin previo aviso, a tres semanas de esas fechas tan señaladas y familiares. Él se sentía triste y decepcionado. Intenté animarle, hasta se me ocurrió que podríamos pasar la navidad juntos. Pero claro, no dije nada, porque no era cuestión de autoinvitarme. ¡Por suerte me invitó! Y yo emocionadísima y sin pensármelo dos veces le dije que sí, que iría a verlo. ¡Vaya locura! El plan era coger un vuelo de dos horas, a 830Km de distancia, para pasar 4 días con una persona a la que no conozcía en persona. Estoy convencida de que si estando en ni casa, en el País Vasco, me pasara algo parecido, no iría a Madrid. Incongruencias de la vida. Yo estaba convencida de que era una bellísima persona. Tenía la sensación de que nos conocíamos de toda la vida.
Por fin llegó el día. ¡Qué nervios! Yo tenía claro que me encantaba, que tenía muchas ganas de abrazarlo y besarlo. Pero ¿y si el no sentía lo mismo que yo? ¿y si para él solo era una amiga más? o ¿y si en persona no era la misma persona que yo me había imaginado a distancia? Por lo visto él tenía las mismas preguntas, miedos y nervios que yo.
Llegué al aeropuerto de Salt Lake y me cogí un Uber para ir al estadio de baloncesto de los Utah Jazz, donde estaba el viendo un partido. Le avisé que había llegado, y salió. Vi cómo se acercaba hacia mí poco a poco. En cuanto me alcanzó ninguno de los dos dudamos en abrazarnos. Fue un abrazo largo de complicidad que terminó con un beso mágico.
Fueron unas navidades de ensueño. Una primera cita de 4 días, jajaja Teníamos claro que queríamos ser más que amigos y decidimos intentar sacar adelante una relación a distancia. A él le quedaban 6 meses más en EE.UU. y a mi 8. Durante esos 6 meses, organizamos pequeños viajes de 3 días a distintos de EE.UU. para poder vernos y de paso viajar, una pasión que tenemos en común.
Cuando él volvió a España, empezamos a buscar un piso para mudarnos juntos, pues él vivía en Madrid y yo en un pueblo cerca de San Sebastián, y no queríamos seguir manteniendo una relación a distancia. Sí, es una locura irse a vivir con alguien a quien has conocido a distancia, por videollamadas, y solo has compartido una suma de 20 días en persona. Pero quien no arriesga no gana. Era la única forma que se nos ocurría para ver si lo nuestro funcionaba o no.
Y vaya si funcionó. Nos hemos entendido muy bien en la convivencia. Somos felices. Y hemos formado una familia preciosa. Sus padres y los míos se entienden muy bien, y tenemos el lujo de poder juntarnos todos de vez en cuando.
Después de tres años y cuatro meses de relación, dos años y medio de convivencia, me ha pedido matrimonio. Otra historia preciosa que quiero compartir. Pero que lo dejaré para otro post.
PRIMEROAS DÍAS Y PRIMERAS NAVIDADES JUNTOS. - WHITE CHRISTMAS-


