Sinceramente, cuanto más miro presupuestos de foto y vídeo más entiendo las dos partes.
Por un lado entiendo perfectamente al videógrafo:
equipos carísimos, cámaras, objetivos, drones, edición durante días, desplazamientos, reuniones, grabar 10-12 horas seguidas… realmente hay muchísimo trabajo detrás y creo que mucha gente no lo valora.
Pero por otro lado también entiendo a muchas parejas cuando ven presupuestos de varios miles de euros y se preguntan si realmente le van a sacar partido después.
Y aquí es donde me entra el dilema real.
Porque siendo honestos… ¿cuántas veces se vuelve a ver un vídeo de boda completo?
Normalmente lo ven muchísimo los propios novios porque emocionalmente es suyo, claro. Pero muchas veces luego no es algo que enseñes constantemente a amigos o familia. Incluso algunos invitados ni llegan a verlo nunca entero.
En cambio ahora veo que mucha gente conecta más con recuerdos espontáneos:
vídeos grabados por amigos, momentos naturales, clips más cortos, estética más documental o incluso contenido tipo handycam/TikTok mucho más real.
No digo que una cosa sustituya a la otra, pero sí siento que está cambiando la forma de consumir recuerdos de bodas.
¿Soy la única que tiene esta sensación?