Hola a tod@s ❤️
Mi padre falleció hace cinco años. Estábamos muy unidos y, como muchas de vosotras, durante toda mi vida me imaginé ese momento tan especial entrando del brazo de él. Soñé mil veces con ese instante, con su mirada, con su mano temblando un poco, con esa mezcla de orgullo y emoción que solo un padre puede sentir. Pero la vida, a veces, nos cambia los planes.
El día de mi boda no pudo acompañarme al altar. Durante mucho tiempo pensé que ese momento estaría incompleto, que dolería demasiado, que no sería lo mismo. Y no voy a mentir: duele. Hay una ausencia que pesa, un nudo en la garganta y una emoción difícil de describir.
En mi caso, fue mi madre quien me acompañó. Caminar junto a ella fue un acto de amor inmenso, de fortaleza y de gratitud. En cada paso sentí todo lo que somos como familia, todo lo que hemos superado y todo el amor que nos une. Y, de alguna manera, también sentí a mi padre allí.
Además, quise que quienes no podían estar físicamente me acompañaran de otra forma. En mi ramo llevé una medallita con la foto de mi padre, otra de mi abuela y otra de los abuelos de mi novio. Fue mi manera de sentirlos cerca, de llevarlos conmigo en uno de los días más importantes de nuestra vida. No se veían a simple vista, pero yo sabía que estaban ahí, acompañándonos.

Porque aunque no estén presentes, nunca se van del todo. Viven en nuestros recuerdos, en las enseñanzas que nos dejaron y en el amor que sigue intacto.
Si tú que estás leyendo esto sabes que tu padre no podrá acompañarte al altar, quiero decirte que está bien sentir tristeza, nostalgia y emoción al mismo tiempo. No tienes que ser fuerte todo el día. Permítete sentir, recordar y honrar. Tu boda no será menos especial por ello.
Será un día precioso. Será tu día. Y el amor, el que estuvo, el que está y el que siempre estará te acompañará en cada paso.
A todas las novias que viven esta situación: os mando un abrazo enorme 🤍.
No estáis solas.