Supongo que a muchas os habrá pasado eso de imaginar la recta final de la boda como un momento lleno de emoción, brillo e ilusión… pero a veces la realidad se aleja bastante de esa foto perfecta.
Faltan 15 días para nuestra boda y, aunque intento mantener la calma y la ilusión, reconozco que estoy agotada y frustrada por algunos problemas con dos proveedores.
El primero es una floristería que contratamos hace meses en una feria. Pagamos la reserva y nos explicaron que el ramo se haría el mes antes para tenerlo listo en casa la semana previa a la boda. Sonaba ideal, pero desde entonces… comunicación cero. Hemos tenido que ir detrás continuamente, y a estas alturas (a solo 15 días) aún no hemos tenido ni la cita para elegir cómo quiero mi ramo. Con lo que me ilusionaba ese momento, ahora lo vivo con más ansiedad que alegría.
El segundo caso es una tienda de detalles personalizados, contratada y pagada por adelantado el mes pasado. Nos aseguraron que en 7 días estaría todo listo, pero ya han pasado mes y medio y seguimos sin noticias. Ni siquiera nos han pedido las indicaciones para personalizar los productos. Me preocupa más el silencio que el retraso: esa falta de comunicación te deja en el aire, justo cuando más necesitas certezas.
Entiendo que pueden surgir imprevistos, que todos tenemos picos de trabajo y que organizar una boda no es fácil. Pero me duele sentir que he puesto ilusión y confianza en servicios que, por la forma de gestionar, me han quitado parte de la magia de esta etapa.
Intento recordarme que lo importante sigue siendo nosotras, nuestro día, y las personas que sí están ahí, pero me cuesta reconectar con la ilusión cuando siento que todo se tambalea tan cerca del final.
¿Os ha pasado algo parecido? ¿Cómo habéis hecho para soltar la frustración y volver a disfrutar de la cuenta atrás sin tanta decepción encima? ¿Que haríais con estos proveedores?