Queríamos estar monos para la boda, y este verano consultamos a una amiga que trabaja en cosmética. De hecho, se dedica a analizar cosméticos, o sea que no es de las que te quiera vender nada. Y le preguntamos que qué nos podíamos echar para estar guapos.
Su respuesta: "¿En dos meses? Nada. Los tratamientos llevan tiempo, no hay nada milagroso"
Nosotros: Oooooh
Ella: Lo único, una crema que es un cosmético FLASH. Provoca un resultado instantáneo sobre bolsas, ojeras y arrugas pero no es duradero, al cabo de unas horas se pasa.
¿Su precio? Un montonazo de euros. Yo no me gasto eso.
El caso es que nos dijo que tranquilos, no hay problema, en vuestro supermercado de confianza tienen la versión marca blanca a unos pocos euros bajo el eufemismo de "producto reafirmante",
Y lo probamos en la boda de tres semanas antes de la nuestra.
Nos echamos unas gotitas bajo los ojos y...
ZZZZUUUUUIIIIIP
¿Tú sabes lo que es el emplasto ese que se echa a las paredes de yeso para quitar las humedades?
Pues lo mismo pero en tu cara: se forma una especie de película que te lo estira todo todo todo. Se supone que no es superficial, que penetra pero sólo en la epidermis, con lo cual sus elementos activos te retocan bolsas y arruguitas desde dentro pero el resultado es provisional.
Churri se puso muy nervioso y se lo lavó enseguida. Yo estuve toda la noche con la sensación de tener una película plástica en la cara. De todas formas yo uso gafas de pasta que camuflan bastante y tampoco es que se nos notara mucho el efecto.
Y el día de nuestra boda...
Sesión de belleza en el hotel: Ducha, acondicionador (para el poco pelo que tenemos), crema hidratante para el cuerpo, cremas y lociones de afeitado y... el producto maravilla.
Él no quiso ponérselo pero yo opté por hacerlo. Me puse mis gotitas, aquello hizo zzzuuuuip y ya me sentía yo treinta años más joven con mi emplasto y la cara almidonada.
Nos vestimos, vuelvo al baño y...
¡¡¡AAAARRRGHHHHH!!!
Debajo de los ojos tenía dos manchurrones blancos a modo de pintura tribal. Y además como me había dado el sol en los últimos días se notaban mucho más.
Leo el prospecto: si se aplica un exceso de producto pueden quedar restos blancos en la piel. ¿Restos? ¡Si parecía un mapache!
Horror de los horrores. Así no podía salir.
Me lavé la cara, me froté, me froté y me volví a frotar, me di con una toalla y lo que conseguí fue que lo que estaba blanco se me enrojeciera.
Y el churri diciendo desde la cama: "¿pero no has acabado aún? ¡Lo que tardas!"
Acabada la aventura remescarizante, pudimos salir del hotel tan guapos y orgullosos de aparentar nuestros cincuentaytantos años, qué narices.
Y tú, querida amiga... ¿qué producto te echas?