Casi 2 meses después me he animado a contaros un poco cómo fue el gran día.
La incidencia en Burgos estaba tan disparada que los días anteriores estábamos sumidos en una especie de estrés y desesperación que nos impidió disfrutar de los preparativos, no os voy a engañar. ¡Pero el día anterior todo cambió! Los invitados empezaron a llegar, pudimos ver a algunos y se respiraba ambiente de boda, ¡por fin!
Dormimos juntos en nuestra casa, y el día D nos despedimos, yo me fui a la pelu, y él a casa de mis suegros. Me vestí en casa de mis padres y la espera se nos hizo un poco larga a todos yo creo, pero, por fin, ¡llegaron a buscarnos! Contraté un coche antiguo para que nos llevara a mi padre y a mí, y una vez en el coche ya me entraron los nervios. ¡Estaba a punto de casarme! A medida que nos acercábamos al lugar de la ceremonia, me iba poniendo más nerviosa, y cuando llegué y empecé a ver a la familia, amigos, a mi marido... ¡Me emociono aun cuando lo recuerdo!
Salió todo a la perfección. Creedme si os digo que hacía tanto tiempo que la gente no se veía, que no importó que la música en la barra libre estuviera baja, que las mesas fueran de menos personas o que hubiera geles y mascarillas por todas partes. Todos disfrutamos muchísimo, la comida fue excelente, y no podemos estar más agradecidos la verdad. Estamos deseando tener las fotos de la fotógrafa para volver a revivir ese día tan mágico.

