A raíz del post de Lola de hoy, vengo a contar lo que hemos regalado a los niños invitados a la boda. Decidimos declarar “niños” a los que tomaban el menú infantil y a los que no metimos la minibotellita de aceite en el bolso para evitar estropicios mayores.
Pero claro, no es lo mismo un niño de 3 años que uno de 10, había que distribuir y pensárselo. Afortunadamente teníamos muy pocos infantes (3,5,7,8 años y ya otros cuatro preadolescentes) y la solución fue por fases.
Lo primero al elegir regalos: nada de azúcar. La madre de dos de los niños les tiene vetados a sus hijos los caramelos, chicles, etc, así que como ya había postre dulce en la cena, cero chucherías.
Para el cóctel de la noche antes de la boda: los bastoncitos de luz fosforescente de esos que se iluminan al doblarlos dando un aspecto neón efímero.

Los regalos del día de la boda, por edades:
Los peques (2 y 5 años). Hay que mantenerlos entretenidos o te la lían. Unas pizarras mágicas (3,5€ en Ali). Dibujas con el lápiz que viene y luego borras con el botón. Mucho menos lioso que un cuaderno con colores.


Unas cartas de Stitch (también del Ali)

Los no tan peques: (7 y 8 años) Para la niña unas tarjetas de Stitch (no sé si lomocards o photocards o qué se yo, no me entero, para mí parecía una baraja de toda la vida) y para el niño un mini-reloj digital de Spiderman.


Los más mayores (10 a 14 años): Los más problemáticos. Los niños PASAN de todo, lo único que les interesa es el fútbol y jugar con el móvil. Las niñas están en la preadolescencia o ya directamente en la edad del pavo y también pasan mucho. Volvimos a tirar de las lomocards. De fútbol para ellos y de las Kpop Demon Hunters para ellas, que es algo que está de moda ahora. ¿Les gustó? Pues ni idea.




Pero luego vino el gran drama. Para los 4 pequeños compramos unas minibolas de discoteca (sí, nuestra ya conocida pasión por las luces de colores) y le pedí al Churri que las distribuyera mientras yo repartía las cajas de regalos a las mesas de adultos. Y va él y deja las 4 en la mesa de los más peques, cuando una de ellas iba para nuestra damita de honor, que estaba en la mesa maripandi 1.

Y la niña más pequeña fue corriendo a enseñarle a la otra la disco ball. Y la otra “oh, pues a mí no me han dado una”. Berrinche y llorera. Y nosotros sin enterarnos hasta que ya cuando había empezado el baile se nos acerca la madre a decir que la niña tenía un disgusto tremendo porque no le habíamos dado bola. Y yo: “pero si había para los 4”, me acerqué a la mesa donde sobraba una y se la llevé. ¿Reacción de la niña? “Ahora no la quiero”, para dos segundos después agarrarla como si le fuera la vida en ello. Le dije que era culpa del Churri que no había sabido ponerlas en las mesas. La niña (7 años) se tiró un día entero diciendo que Juan no sabe contar y que menos mal que estaba Enrique para darle su bola.
Con esta anécdota vengo a decir que: A TODOS LOS NIÑOS LO MISMO. O al menos a los que estén en contacto. Si hay una pizarra para la hermana mayor, el pequeño también la querrá, si hay cartas de Stitch, iguales para los dos. Si hay bola disco, igual para los 4 pequeños.