Mi despertar fue temprano, antes de salir el sol mis nervios empezaron a aflorar y ya no pude volver a dormir. Creo que para el novio, ahora ya marido, fue similar, noche de vigilia en espera del día que nos esperaba por delante.
La mañana pasó en un periquete entre maquillaje, peluquería y fotografía... Y cuando me quise dar cuenta el coche nos esperaba para llevarnos al restaurante.Llegamos en un Cadillac azul del año 53, súper emocionados mi padre y yo, para encontrarnos con familiares y amigos. Al final del pasillo un novio súper nervioso y con lágrimas en los ojos me esperaba impaciente.
¿Qué decir de la ceremonia? La señora concejal fue un encanto y nos permitió superar las expectativas del enlace, gracias a la partición de nuestros amigos que con sus discursos hicieron a todos los presentes soltar más de una lagrimilla.
El momento aperitivo, convite y baile solamente se puede calificar, siempre desde el punto de vista de los novios, con una matrícula de honor, pues no solamente se comió de cine, sino que también fueron acompañados de más momentos lacrimógenos, risas y mucho baile.
Pues hasta aquí el resumen de un día que llevaremos grabado a fuego en nuestros corazones toda la vida... Pues para nosotros todo salió redondo.



