A poco más de 2 meses de mi boda, y con todas las cosas que surgen de por medio (buenas y malas), me planteo que, si diera marcha atrás a noviembre cuando me pidieron matrimonio y empezamos a organizar esto, lo haría completamente diferente.
En primer lugar, y casi seguro, invitaría a muchísima menos gente y sería más restrictiva y clara en general, principalmente con mis suegros que pienso que, a veces, se creen que es su boda.
Luego, intentaría no complicarme tanto la vida con los detalles y todas las cosas que quiero poner en la boda, simplificaría, porque, como he leído por aquí, al final parece que se pierde un poco la esencia. A mi favor he de decir que, en general, suelo ser super detallista y me encanta organizar fiestas y esta, que será una vez en la vida, no podía ser menos, aunque sí que lo gestionaría de manera diferente.
Me tomaría más tiempo para elegir a algunos proveedores porque, aunque estoy contenta con los que tenemos (aún no les hemos visto en acción, os actualizaré post-boda), creo que, por las prisas de organizar una boda en 10 meses, quizá me dejé por el camino a algunos que me hubieran encajado mejor.
Supongo que será normal y que, ahora que se va acercando el momento, las dudas se multiplican...