Sinceramente, estoy abrumado con la respuesta de mis seres queridos a nuestro enlace.
Cuando se nos ocurrió casarnos a 500 km de Madrid pensábamos que iba a ser un fin de semana de fiesta entre amigos un poquito más multitudinario y no, todo el mundo se ha apuntado. Las cancelaciones han sido mínimas y hasta los más mayores de las familias, que al principio estaban muy reacios a un viaje, ahora están entusiasmados.
Me he quedado muy loco con la reacción positivísima. En el tema regalos aún estoy alucinando. Hay quienes no vienen y nos han hecho un ingreso que supera el precio del cubierto. Otros que sí vienen se han pasado muy, muy mucho con la transferencia, y todos somos curritos clase media con nuestros apuros económicos. Y aún estamos esperando regalos locos, que nos tememos que alguno habrá aparte de las famosas copas y el punzón asesino.
Ah, sí, también nos ha llegado un juego de botellas de vino bueno.
Luego la despedida de solteros. El finde pasado los amigos del barrio nos organizaron una en toda regla, con camisetas de esas de “nos casamos” y una comilona con baile y fiesta que casi parecía una boda. Menuda escandalera montamos, ríete tú de la hora loca.

Y me han llegado rumores de que mis chicas del grupo de baile también están preparándome alguna sorpresa para la clase de la semana que viene.
Y claro, los de la maripandi ahora están celosos porque querrían haber ellos organizado la despedida, pero como se han vuelto unas señoronas acomodadas gaycincuentonas no se acaban de poner de acuerdo. Ya hemos quedado para cenar este sábado, veamos con qué nos salen (un té con pastas, ya verás, con lo animados que son, pero los queremos igual.)
Ayer me escribió un amigo que viene desde Alemania a la boda. Me dijo que en estos momentos no podía permitirse hacerme un ingreso porque le habían surgido gastos extras y no le venía nada bien. Le contesté al momento que por favor, bastante hace con venir y que sé que es un gasto, que le digo con el corazón en la mano que nuestro regalo es que venga y que no pienso repetírselo. Y aún así quiere hacernos regalo. No se lo voy a permitir.
Todos estos minidetalles son los que le llenan a uno el corazón. De los que vienen porque nos quieren y de los que no porque no pueden o no han sido invitados (porque en algún sitio tenía que poner la línea de corte o nos juntábamos 200) que también demuestran que nos aprecian.
Cómo no les voy a retransmitir por streaming la boda, joé.