Nada fue como lo imaginé, fue aún mejor.
Los invitados no paraban de felicitarnos, de decirnos lo guapísimas que estabamos y que fue una boda espectacular llena de emociones de principio a fin. Lloramos, reímos, bailamos... A pesar se las restricciones no pude haber tenido un dia mejor. De verdad, merece la pena arriesgarse y vivir el momento porque quien sabe cuando se pueda si no es ahora. La vida es una y hay que vivir cada día al máximo y disfrutar. Estuvimos arropadas por el amor de nuestra familia, amigos que lo dieron todo y por unos profesionales maravillosos que llevaron el timón de nuestra boda perfecta. No me enrollo más y aquí os dejo algunas fotos.






