Esa mañana me levanté como cualquier día. Realmente no era consciente de que era el día. Cuando pensaba que faltaban horas me entraban mareos. Pero yo estaba feliz y lo más importante, muy tranquila. Habíamos estado un año preparándolo todo e intentando imaginar cómo sería ese día.
Desayuné bien; como siempre. Pero ya ha a la hora de comer no probé bocado. En media hora tenía que ducharme y estar lista para la llegada del peluquero. Me metí al baño contenta, tranquila. Mi madre empezó a ponerse nerviosa en cuanto me vió salir del baño, vestida con el mismo kimono con el que ella se preparó el día de su boda.
Al salir del baño me dirigí al salón, donde me iba a peinar y preparar. Mi maquillador me esperaba con una mascarilla especial. Ahí cerré los ojos para relajarme. El móvil no dejaba de sonar y necesitaba un poco de paz. Al poco llegó el peluquero y empezó lo mejor. Llegaron el fotógrafo y los videógrafos.
Terminaron la peluquería y el maquillaje y me miré al espejo. No me lo podía creer. Me habían dejado espectacular. Corriendo mi madre me ayudó a vestir y volvimos al salón para terminar el proceso mientras nos grababan. Sin darme cuenta empezamos las fotos...primero yo sola, luego con mis padres, mi tía, mi hermano...
Tocan el timbre de la puerta. Mi padre dice: YA ESTA EL COCHE, TENEMOS QUE BAJAR. Al bajar todos me miraban; yo feliz. Entré al coche, luego entró mi padre y arrancamos. Ahí empecé a llorar, intentando retener las lágrimas mirando por la ventana del coche. Ahora sí que sí.
Llegamos al barrio donde estaba la ermita donde nos casamos, pero teníamos que confirmar si mi novio había llegado. Llamamos por teléfono a mi hermano y nos dice que el novio no ha llegado!!! Aparcamos el coche y esperamos su aviso...el novio llegó 15 min tarde. En cuanto llamó salimos corriendo.
Y llegamos a la ermita. Al llegar ví a mi novio entrando con su madre. El estómago me dio una vuelta. Ellos entraron y nuestro coche se acercó. Todo el mundo estaba fuera mirándonos!!! Salimos del coche. Todas las mujeres nos miraban a mi padre y a mi. Nos acercamos a la alfombra roja, que salía hasta la plaza. En cuanto nos acercamos a la puerta empezó a sonar el himno nupcial...ostras!!!!! que tenemos que entrar ya!!
Entré mirando a todos. Me pareció todo mucho más cercano que lo que había imaginado un millón de veces. Llegué al altar y allí estaba la persona que más quiero en el mundo sonriendome, sabiendo que habíamos soñado mil veces con aquel día. Al llegar miré a mi madre, y al volver a mirar a mi novio rompí a llorar y lo abracé.
Toda la ceremonia la pasamos agarraditos de la mano, riendonos y disfrutando lo que tanto habíamos soñado. En nuestros corazones para siempre.