En mi trabajo tenemos una norma que, en teoría, es pura rutina: cada mes y medio hay que cambiar la contraseña. Lo típico que todo el mundo hace con pereza, suspirando porque nunca se acuerda de la nueva.
Pero desde que empezamos a organizar la boda, decidí darle un toque especial. En lugar de poner combinaciones imposibles, pensé: “¿Y si uso los días que faltan para el gran día?”
Así que empecé con 390 días. Aquello sonaba a una eternidad, pero me hizo ilusión. Era como tener una pequeña cuenta atrás escondida en mi ordenador, un recordatorio secreto de lo que estaba por venir. ❤️
Cada vez que tocaba renovarla, el número bajaba… y con él, crecía la emoción. 270, 180, 90… hasta que hoy, al cambiarla de nuevo, me he dado cuenta de que ya solo faltan 32 días. ¡Un mes prácticamente! 😍
No sé si ha sido la emoción, los nervios o ambas cosas, pero me he quedado mirando la pantalla con una sonrisa tonta.
Cada vez que escribo esa contraseña pienso: “un día menos para decir sí”. 💖
Y lo más bonito de todo es que la próxima vez que me toque cambiarla… ya no habrá número que poner.
Tendré que buscar una nueva contraseña, y lo tengo claro: será “reciéncasados”.