Hola.
Todos aquí estamos preocupadísimos con los detalles, el velo, los regalos para los invitados, el postre del convite, los trajes... pero hay un tema que a TODOS nos tiene en vilo, queramos o no: el presupuesto.
Hoy toca hablar del vil metal.
Podemos hacernos los románticos y decir eso de "yo no hago una boda para ganar dinero", lo cual es verdad, pero todos miramos el euro a la hora de contratar cosas y al final a nadie le gusta palmar pasta. Atrás quedaron los tiempos en los que los padres pagaban todo.
Así que hoy, dos meses después de la boda y uno de la luna de miel, y con los todos los pagos ya hechos y las tarjetas de crédito cargadas, puedo decirlo:
¡Hemos sacado dinero de la boda!
No una barbaridad, desde luego, pero al menos no ha sido deficitaria. Y nuestra boda no ha sido el colmo del ahorro como la de Cristina en Cádiz, pero creo que hemos hecho una buena racionalización del gasto. Y más considerando que por diversos motivos hubo personas que no contribuyeron monetariamente. A los que vienen de fuera de España no les voy a recriminar que no nos ingresen nada. A los que tienen dificultades económicas y hacen el esfuerzo por venir, menos.
Y sí, queridas, como queda demostrado, UNA BODA LOWCOST puede salir estupenda.
¿En qué hemos ahorrado? Pues no tuvimos fotógrafo, wedding planner, karaoke, fotomatón, hora loca, beauty corner, candy bar, teléfono de la esperanza, ni flores. Llegamos y salimos de la ceremonia en un Citroën C3 color verde turquesa conducido por mí, ¿algún problema? Los trajes, de outlet. Y punch.
¿Y en qué hemos gastado de más? En el cóctel adicional de la noche anterior y en poner una barra de coctelería en el aperitivo antes del convite. Cosas de las que no nos arrepentimos.
El cóctel de la noche anterior fue lo que más nos subió el presupuesto. Lo celebramos en el Hotel Cervantes y, aparte de que hubo comida para todos (que nuestro miedo era que se quedaran con hambre y por eso avisamos de que era un aperitivo, no una cena), el ambiente fue fenomenal y sirvió para que la gente interactuara y se conociera (y algunos fueran lanzando el anzuelo). Además, cuando terminó el cóctel empezó la sesión dj del hotel y fue toda una fiesta. De hecho nuestros invitados se pensaban que lo habíamos contratado nosotros. Un lujo, y las vistas sobre el mar, más. Así que dinero bien invertido.
El convite fue en el Hotel Pez Espada . De verdad si tenéis unos minutos echad un vistazo al post que puse ( clic ) porque está en el grupo de Málaga y no todos accedéis. Repito, repito y me repito: es el hotel más elegante de la zona y el que mejor precio nos dio. Y, sobre todo, sin extras ocultos. Los extras estaban clarísimos y si queríamos los contratábamos y si no, no. Y contratamos una barra de coctelería para el aperitivo antes de la cena que también fue todo un éxito. De hecho, en nuestra fiesta navideña hemos robado la idea y estuvimos preparando mojitos de sabores toda la noche. También dinero bien invertido.
Sobre el viaje de la luna de miel lo hubiéramos hecho con o sin boda porque yo no me pierdo el carnaval de noviembre de la playa. No lo incluyo en el presupuesto de la boda pero aún metiéndolo seguimos en superávit.
¿Qué más nos subió el budget? Los malditos autobuses, que salen carísimos. Y la tasa municipal para la ceremonia en el palacete Casa Navajas (que es como pagar la iglesia).
La decoración (el arcoíris de flores), los regalitos, las figuritas de la tarta, las invitaciones, etc, son todo cosas que hemos hecho nosotros mismos, así como la organización y planificación de todo.
Venga, voy a poner cifras. A grosso modo, todo nos costó unos 150 euros por invitado + viaje. Y hemos sacado casi un tercio del importe, plus un colchón, dos juegos de paleta y cuchillo para servir tarta, unas copas ruskigypsy, un frasco de jarabe de arce y dos pijamas de leñador. Y si nos hubiéramos limitado a sólo el día de la boda nos habríamos ahorrado unos 32 euros por persona que fue lo que salió el cóctel prorrateado a todos los invitados (era más pero no fueron todos).
O sea, los presupuestos se pueden ajustar por aquí y por allá y con un poco de personalización y de buena cabeza podemos hacer que la preocupación del dinero, que está siempre presente, no sea tan condicionante.
Evidentemente vosotras no os vais a quedar sin fotógrafo, pero hay muchos detallitos bobos en los que podemos ahorrar. Y, además, seguro que no tenéis una autoinvitada que en vez de dinero termina regalando...