Llevo tiempo queriendo dejar mi experiencia por aquí.

Solo espero que os sirva a todas las que estáis en puertas de celebrar vuestro día para daros ánimo y despejaros un poco de tanto bombardeo de noticias pesimistas y de comentarios negativos de muchos de los que os rodean. La empatía en estos meses ha brillado por su ausencia. No se como hubiera sido mi boda sin COVID, pero la que por suerte o por desgracia me tocó vivir fue maravillosa, no la cambio por nada.

Al principio tuve mis dudas, mire otras fechas pero mi ahora marido mi ánimo a no tirar la toalla y que solo pensara en nuestra primera fecha. Y así fue, 26 de septiembre de 2020 justo 28 años después que mis padres 26 de septiembre de 1992. En un principio era a las 7 de la tarde, pero debido a las medidas del momento la tuvimos que cambiar a las 12 del mediodía. Así de primera no lo hizo mucha gracia a mis amigos por el tema de los vestidos y las citas de las peluquerías. Pero después, iban con las pamelas más grandes y bonitas que podía haber.

La única cosa que me entristecía era tener que estar durante la misa con las mascarillas pero me resignaba e intentaba no darle importancia. 4 días antes, en el ensayo, el cura nos dijo que durante la ceremonia los novios podíamos estar sin mascarilla y ya no escuché nada más de lo que dijo porque la felicidad no cabía en mi. Y así fue.



Es verdad que todos los invitados si la llevaban y que nosotros hasta antes de sentarnos también. Pero no nubló ninguno de los momentos. Yo creía que me iba a morir de pena al entrar a la iglesia y ver a todo el mundo con mascarilla, no por estética sino por lo que significaba. Ahora puedo decir que vaya tonta. Solo veía caras de felicidad, miradas cómplices y las lágrimas de mi marido. Las lágrimas más bonitas del mundo.



A partir de ahí todo fue relajación, lo habíamos conseguido, estábamos casándonos y todos los que tenían que estar estaban. En el salón tuvimos que hacer tanto la recepción como la comida sentados y decidimos agruparlos en ambos sitios por núcleos familiares. Algo que gusto y tranquilizó bastante a los invitados.Durante la celebración solo recuerdo lágrimas de todo el mundo, lágrimas de felicidad. Las continuas sorpresas fueron la guinda del pastel protagonizando momentos bonitos y amenizando toda la tarde.

Con todo esto solo quiero decir que no os rindáis. Que no sea como teníais pensado no quiere decir que no sea increíble. Y que no perdamos el norte, al fin y al cabo nos casamos para nosotros y nada más importa. Prefería equivocarme por haberlo intentado y no quedarme con el remordimiento de no haberlo hecho. Si algo nos ha enseñado la maldita pandemia es que no podemos organizar nada a largo plazo y que tenemos que vivir el momento justo ahora porque nadie es dueño del tiempo ni de lo que pueda pasar. El 26 de septiembre de 2020 tuve a todos los míos, no me habría perdonado nunca que faltara alguien por yo haber esperado.
Dejo por aquí el enlace de mi trailer para que lo entendáis un poco mejor todo. https://vimeo.com/462976597Si os puedo ayudar en algo aquí estoy encantada.