¡Hola!
Ahora que la boda ha pasado y nuestras mini vacaciones han terminado, me paso por aquí para decir que, por fin, estamos descansando.
La verdad es que no me puedo quejar: organizamos la boda en menos de seis meses y los quebraderos de cabeza llegaron todos a última hora.
¿Qué os puedo decir? Creo que todavía me encuentro en una nube. El día tan esperado sucedió de forma tan bonita, íntima y sentimental que todavía estamos llorando (y eso que mi marido nunca llora). Todas las preocupaciones se esfumaron desde el momento en el que puse un pie en el ayuntamiento. Todo lo demás se queda ahora en nuestro recuerdo.

Escribo porque me habéis acompañado durante todo este proceso. Para deciros que el 99% de todo lo planeado salió mejor de lo esperado: Mi familia, que no es nada llorona, se quedaron con flata de kleenex; la comida era de la mejor que hemos probado nunca; el baile de novios novatos salió a la perfección y no nos tropezamos. Y lo mejor: mi miedo a que fuese una boda sencilla y sosa quedó eclipsado por la ENORME cantidad de invitamos diciéndonos que era la boda más bonita a la que habían asistido, que todas las celebraciones lujosas a las que habían sido invitados pecaron de excesos, individualismo y derroche, mientras que en la nuestra pudimos disfrutar de un día, todos unidos, comiendo, charlando y bailando como nunca lo habíamos hecho.
Lo que salió mal no merece la pena ni contarlo, porque apenas son nimiedades llevadas a cabo por los típicos invitados que dan problemas el último día
Ahora, miramos atrás y no nos arrepentimos de nada. Nuestra boda ha salido baratísima (5.000 euros para 62 invitados), no habríamos contratado nada más porque los tiempos estuvieron perfectos. ¿Queréis que haga una lista de consejos para formar una boda low cost y no morir en el intento?
Por cierto ¿Dónde estáis los que os casásteis el día 4? ¡Contadme que tal os fue!
Nos seguimos leyendo

