Nunca pensé que algo tan pequeño pudiera removerme tanto. Estos días mi novia ha tenido sus pruebas de vestido, maquillaje y peinado… (al igual que yo como he comentado en otro post) y por primera vez en mucho tiempo, no he podido estar allí.
Nosotras, que nunca nos hemos ocultado nada, que nos contamos hasta las cosas más tontas del día, ahora tenemos este pequeño secreto entre nosotras. Y aunque sé que es parte de la magia, se me hace rarísimo no verla, no opinar, no reírme con ella (o de ella) cuando algo no sale perfecto.
No es por curiosidad —no necesito verla para saber que va a estar preciosa—, sino porque es mi mejor amiga, mi compañera de vida, y compartir cada paso con ella siempre ha sido lo más natural del mundo.
Aun así, me encanta pensar que ese momento llegará el día de la boda: cuando nos giremos y la tenga de frente, cuando se crucen nuestras miradas por primera vez… y todo ese misterio tenga sentido.